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Ecosistema Trófico

La Ecología Trófica se encarga de estudiar los flujos energéticos y alimentarios en los ecosistemas. Los materiales en forma de desechos, productos vivos o transformados de un nivel, son en realidad recursos para otro nivel orgánico de complejidad, ya sea microorganismo, planta o animal. A la vez, los desechos de estos, son recursos tróficos para otros niveles, dando lugar el conjunto a una cadena alimentaria en la que los principios inmediatos pasan de unos a otros desde productores primarios y secundarios a consumidores, también primarios y secundarios; y finalmente descomponedores definidos igualmente como primarios y secundarios. Los descomponedores simplifican los productos para volver a iniciarse el ciclo. De esta manera, la naturaleza forma un entramado que se autoestabiliza, produciendo y recuperando materiales consumidos y aprovechados por una escala viva de gran complejidad.
Larva campodeiforme de escarabajo coprófago, muy común en el precompost virgen. Sin importancia para la seguridad de las lombrices.
La ecología trófica tiene un gran significado en el cultivo controlado de lombrices. En dicho ecosistema conviven desde bacterias y hongos hasta insectos, crustáceos y otros gusanos por no citar los vecinos indeseables. Todos estos organismos aportan principios alimentarios y a su vez evacuan desechos que son recursos tróficos para otros grupos. El resultado final es la obtención de un sustrato muy similar al que se observa en un bosque tropical, un suelo clímax.
Ello supone que un cultivo de lombrices, una lombricera bien estabilizada ofrece oportunidades económicas al agricultor, mediante la obtención de un fertilizante biológico de alto rendimiento, cuyo factor limitante fundamental estriba en el dominio de los conocimientos sobre las características del suelo y su compatibilidad con los microorganismos clímax. No es lo mismo un suelo dedicado al cultivo del olivar que el utilizado para una fresera. Incluso no es lo mismo el suelo de un olivar en extensivo que en ecológico. Las necesidades son dobles, por un lado, el suelo que debe mantener sus características originales y un cultivo cuyo objetivo es producir al máximo en un medio estable y ecológicamente sostenible.
Y aquí nuevamente la naturaleza ofrece oportunidades económicas, ya que los materiales producidos por las lombrices son biofertilizantes que se aprovechan de las tecnologías combinadas con un buen dominio de los conocimientos, cosa que no siempre se tiene. Como un subproducto, pero de alta demanda, es la gran masa de proteína viva que representan las bacterias, hongos, insectos y las mismas lombrices, la cual proteína se puede utilizar para alimentar a otros organismos cultivados como peces, animales de granja y jaula, incluso producir reforzadores alimentarios para la ciudadanía.
No hay duda que la lombricultura es un gran ejemplo de lo que significa la ecología trófica y las ventajas económicas y ecológicas que tiene el ecosistema representado por una lombricera.
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