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Lombriz Roja Californiana

La lombriz roja californiana (Eisenia fetida) es un gusano de unos 15 cm de longitud y algo más de dos milímetros de diámetro, menos usualmente pase de ese calibre. Vive a escasa profundidad del suelo y se adapta perfectamente a la cautividad y el hacinamiento. A pesar de su nombre, su área original de distribución es europea y asiática, pero dado lo universal de su cultivo, actualmente es cosmopolita, sin originar ningún peligro para las poblaciones naturales del mismo grupo, por lo que no se considera especie invasora.
La lombriz roja es capaz de resistir niveles muy altos de humedad, por encima del 90%, pero no aguanta mucho por debajo del 60%. Igualmente es fotófoba pero no profundiza mucho en el sustrato. Se alimenta de cualquier materia orgánica con tal de que esté suficientemente húmeda y bien atacada por microorganismos, los cuales representan en realidad el principal alimento de las lombrices. Vienen a devorar su peso al día, lo que significa que cada individuo transforma 0.3-0.5 gramos de materia orgánica por jornada. Es fácil estimar que en una lombricera que puede tener más de 10.000 lombrices por metro cuadrado, la cantidad de materia orgánica que pueden transformar.
Las lombrices rojas viven 5-6 años (bastante para ser un invertebrado), a pesar de que a menudo la literatura divulgativa habla de 15-16 años, algo totalmente falso. Cada semana aproximadamente y con un sustrato adecuado produce un cocón que alberga 2-3 embriones (no 10-20 como también se ha afirmado). En el cocón puede verse muy frecuentemente algunos nematodos comensales que se alimentan del líquido amniótico, inofensivos para las lombrices en formación y que posiblemente se han confundido con lombricillas in ovo. Nada más eclosionar las pequeñas lombrices succionan la comida que encuentran en su ambiente, creciendo rápidamente. En tres meses ya son fértiles y como sus progenitores, producen un cocón cada semana. Esto hace que la demografía sea exponencial y partiendo de un pequeño cultivo de lombrices, al cabo de un año se tenga una buena producción de las mismas.
Lombrices en su ecosistema de cultivo. A la derecha, una penca de chumbera que aporta humedad y nutrientes.
Cocones, uno de ellos (a la izquierda), se observa con dos embriones tempranos.
Pero no siempre es así de fácil. En el ecosistema trófico existen numerosos organismos que comparten similares costumbres, algunos de ellos verdaderos enemigos de las lombrices, siendo la mayoría comensales del sustrato. Los vecinos más amables se alimentan de materia orgánica e incluso aportan heces fecales que facilitan la digestión de las lombrices; entre estas especies, destacan las cochinillas de humedad, las larvas de moscas o cresas chupadoras y algunas larvas campodeiformes de escarabajos. Lo mismo puede decirse de algunos ácaros blancos y sobre todo los colémbolos, muy frecuentes en el sustrato, denunciables por sus continuos saltos. También los nematodos edáficos se alimentan de materia orgánica y aportan su granito de arena a la calidad del humus. Sin embargo otros residentes son temibles: entre ellos las hormigas, los grillos cebolleros, las moscas carnívoras, los ácaros rojos, las arañas y las escolopendras deben erradicarse. Vecinos más desagradables y que también son muy peligrosos, los topillos, algunas aves (cuidado con las gallinas, las garcillas y los mirlos!) y los sapos deben ser vigilados y expulsados del ecosistema.

 

A continuación se les muestra un vídeo donde se puede observar un amasijo de pequeñas lombrices recién salidas de cocones.
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